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lunes, 5 de septiembre de 2016

Y allí estabas

Y allí estabas


Soñar no es mi fuerte, no dormido por lo menos… pero si hablamos de soñar despierto ahí sí se me hace fácil. Despierto sueño, anhelo, recuerdo cosas que dan vuelta en mi cabeza, recreando o creando  lo que quiero o deseo, pero es claro que sobre mis sueños, sobre ellos si no tengo control.

Soñar con personas,  eventos pasados o futuros no es mi fuerte, pero anoche estuviste en mis sueños. Sin razón aparente apareciste en ellos, sin avisar, sin invitación, sin anunciarte y sin siquiera pedir permiso, solo apareciste,  estabas allí, de protagonista.

¿Cómo llegaste? No lo sé, porque al igual que hoy, en el sueño apenas te conocía, sin embargo yo estaba  feliz, honrado de que estuvieras allí, con los míos, en mi ambiente.

Era un almuerzo familiar,  lo imagino domingo, la mayoría dormía. Tú llegaste dando los buenos días, dibujando una sonrisa en la cara de los que apenas se desperezaban, repartiendo energía, esa que hace que te veas como pegando brinquitos todo el tiempo, eléctrica.

Estábamos en una casa vieja, mejor dicho, una que habitamos hace años ya,  cosas de la mente que juega a mezclar pasado, presente y futuro, amalgamando todo y haciendo fácil perderse entre realidad, ficción, futuro, deseos, en fin  enredando aún más los pensamientos.

El día giraba en torno a ti, posiblemente era la primera visita que nos regalabas, todos tenían que ver contigo, ¿qué quieres? ¿Te gusta esto? ¿Quieres más? Todos te atendían y se preocupaban por cómo te sentías en esa primera visita.

Así transcurría el sueño, y yo sabiéndome dormido quise mantener esa sensación a lo largo de la mañana, del día, del tiempo, hasta que desperté.


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